Pelota Mixteca Herencia
Emblema deportivo y cultural de Oaxaca
Amanece. Es domingo, y cuando el Sol está en el cenit empieza el Compromiso. El espacio sagrado es trazado cuidadosamente con cal por el Chacero. Los 10 jugadores agrupados en dos quintas ofrecen sus respetos al Coime antes de entrar al Pasajuego. “¡Va de buenas!” grita emocionado El Chacero. Cuando la pelota está en el aire se hace presente la eternidad. Su trayecto es desviado por un guante formidable que evita que caiga al suelo. La Pelota Mixteca es una práctica para personas con sentido común en el entendimiento comunitario, sus identidades se hermanan en la dualidad del ancestral juego: ritual y deporte.
El pueblo de Oaxaca es migrante. Cuando llega el tiempo de buscar la vida en otro país, ciudad o pueblo, los jugadores viajan en quintas. Ya librada la frontera vuelven a hermanarse en la dualidad ancestral de la Pelota Mixteca, practicada en un espacio lúdico, festivo y comunitario. Jugar en San Martín Tilcajete, Tlaxiaco, Santa Cruz o Fresno, en California, exige disciplina, fortaleza, resistencia.
Jacobo y María Ángeles invitan a jaguares poderosos y conejos ágiles, guiados por xoloitzcuintles sabios, a jugar en una armonía de figuras en movimiento. Recrean el ritual en un tiempo y un espacio sagrados, deseando que la unión con los humanos sea propiciatoria de salud, abundancia y felicidad.
“Todo está lleno de entidades, dioses que vienen del otro mundo pero que están por todos lados. Muchos dioses viven dentro de este recipiente que eres tú.”
Alfredo López Austin